Taller Migrante
- Manuel Velasco
- 3 oct 2025
- 1 Min. de lectura
El viaje al Soconusco movio cosas.
No solo nos dejó imágenes. Nos una nueva forma de mirar el mundo.
Durante la inauguración de la exposición Tierra Fértil en Tapachula, el municipio nos ofreció un espacio para mostrar nuestro trabajo y a cambio, nos pidieron una acción social. Sin dudarlo, propusimos un taller gratuito de fotografía.
El grupo fue particular, especial. No eran estudiantes comunes.
Eran jóvenes migrantes, la mayoría provenientes del sur del continente, que se encontraban en tránsito, esperando, buscando, resistiendo.
Les dimos dos horas de practica, de técnica, de encuadre, sí. Pero también —y sin querer— dos horas de certeza, de confianza y un punto de luz en el futuro.
Fue un taller breve, pero inmenso.
Porque enseñar no fue solo mostrar cómo funciona una cámara, sino abrir un espacio donde la mirada propia pudiera tener valor.
Escuchar sus historias, ver su curiosidad, cruzar vidas por un instante, fue una sorpresa profundamente grata.
Una prueba más de que la fotografía no es solo para captar el mundo, sino para habitarlo con otros, aunque sea por un momento.
A veces, el acto más simple —apretar un obturador, mirar por un visor— puede convertirse en una manera de resistir, de afirmarse, de decir: “yo también estoy aquí”.
Este taller fue eso: una pequeña pausa en medio del camino para mirar con calma.
Y para sembrar, aunque sea por un instante, algo parecido a la esperanza.

































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